El 11 de septiembre de 2001, Howard Lutnick estaba llevando a su hijo Kyle a su primer día de kindergarten. Su teléfono sonaba insistentemente, pero las llamadas se cortaban. No sabía que era su hermano Gary intentando despedirse.
Cantor Fitzgerald ocupaba los pisos 101 al 105 de la Torre Norte del World Trade Center. A las 8:46 de la mañana, el vuelo 11 de American Airlines impactó en los pisos 93 al 99, justo debajo de las oficinas de la firma. Todas las escaleras quedaron bloqueadas. De los 960 empleados de Cantor en Nueva York, 658 murieron ese día, incluyendo a Gary Lutnick.
Howard llegó a la escena minutos después del impacto. Comenzó a agarrar a la gente que salía del edificio, preguntando de qué piso venían. Necesitaba encontrar a alguien del 101 o superior. Si uno había bajado, otros podrían haberlo hecho. Encontró a alguien del piso 91. Nadie más alto.
Cuando la Torre Sur comenzó a colapsar, corrió. Una nube negra de humo y escombros lo persiguió por las calles de Manhattan. Terminó debajo de un camión, cubierto de polvo, caminando durante horas antes de poder llamar a su esposa.
Esa noche, a las 10 PM, Lutnick convocó una conferencia telefónica con sus empleados sobrevivientes. Les presentó dos opciones: cerrar la empresa e ir a los funerales de sus amigos, o intentar reconstruir. Cantor Fitzgerald pasó de ganar un millón de dólares al día a perder un millón de dólares al día instantáneamente.
Eligieron reconstruir.
Una semana después del ataque, gracias a las operaciones en Londres y New Jersey, eSpeed —la plataforma electrónica de trading que Lutnick había construido— volvió a operar. Cantor comprometió el 25% de sus ganancias de los siguientes cinco años para las familias de los empleados fallecidos. Al final, entregaron $180 millones.
Esta historia no es un preámbulo emocional. Es la clave para entender quién es Howard Lutnick y por qué Donald Trump confía en él la arquitectura comercial de Estados Unidos.
El Arquitecto que Emergió de las Cenizas
Howard William Lutnick nació el 14 de julio de 1961 en Long Island, Nueva York. Su padre Solomon era profesor de historia en Queens College; su madre Jane, pintora y escultora. Era el hijo del medio de tres hermanos.
La tragedia marcó su vida temprano. Su madre murió de linfoma cuando Howard estaba en el último año de secundaria. Durante su primera semana en Haverford College, en 1979, su padre fue diagnosticado con cáncer y falleció poco después. El presidente y el decano de Haverford le ofrecieron una beca completa para terminar su educación, un gesto que Lutnick nunca olvidó y que lo convirtió en uno de los mayores donantes de la institución.
Se graduó en 1983 con un título en economía. Aunque consideró seguir los pasos académicos de su padre, el mundo de las finanzas lo atrajo. Ese mismo año, B. Gerald Cantor lo contrató en Cantor Fitzgerald. A los 29 años, Lutnick era el segundo al mando. A los 30, presidente y CEO. A los 35, cuando Cantor murió, tomó el control total como chairman.
No fue una transición suave. La familia Cantor disputó la sucesión. Lutnick demandó argumentando que Cantor no tenía la capacidad mental para entender los documentos que firmaba en sus últimos meses. Llegaron a un acuerdo: Lutnick mantuvo el control de gestión mientras los Cantor conservaron una participación limitada.
Esta agresividad en la negociación, esta disposición a confrontar directamente incluso situaciones incómodas, definiría su carrera.
La Fórmula Lutnick: Tecnología + Velocidad + Confrontación
Antes de que los mercados electrónicos fueran ubicuos, Lutnick invirtió $250 millones en desarrollar eSpeed, una plataforma de trading electrónico para bonos del Tesoro. En 1999, Cantor Fitzgerald manejaba aproximadamente un cuarto de las transacciones diarias en el mercado de treasuries de varios trillones de dólares.
La lógica: en un mercado donde la velocidad es dinero, la tecnología es ventaja competitiva. Los primary dealers como Cantor Fitzgerald operan directamente con la Reserva Federal. Cuando necesitas liquidez en bonos del Tesoro, el gobierno estadounidense respalda la transacción.
Esta posición privilegiada —ser uno de 24 primary dealers autorizados— se volvería extraordinariamente relevante dos décadas después cuando una empresa llamada Tether necesitaba un custodio para sus reservas de treasury bills.
Pero eso viene después.
La Amistad con Trump: 30 Años
La relación entre Lutnick y Trump comenzó a principios de los 90s en lo que Lutnick llama “the charity circuit” de Nueva York. Había eventos benéficos prácticamente todas las noches, cenas interminables donde la élite financiera y empresarial de Manhattan se mezclaba constantemente. Dos empresarios ambiciosos, ambos con personalidades dominantes, terminaron cruzándose una y otra vez hasta que la familiaridad se convirtió en amistad.
La conexión se profundizó después del 11 de septiembre. Ambos neoyorquinos, ambos procesando el impacto del ataque en su ciudad natal, ambos con la mentalidad de que la respuesta correcta ante la adversidad es construir algo más grande. En 2008, Lutnick apareció en “The Apprentice.” Durante las siguientes décadas, la amistad se mantuvo a través de eventos sociales y conversaciones sobre negocios, mercados, y la dirección del país.
Lo que Trump vio en Lutnick fue algo específico: un operador que había reconstruido una empresa desde la destrucción absoluta, que entendía los mercados de capitales en profundidad técnica, y que no tenía miedo de confrontar directamente a adversarios más grandes que él. Esa combinación de resiliencia probada, conocimiento financiero, y agresividad táctica era exactamente lo que Trump buscaba para ejecutar su visión económica.
En octubre de 2024, Lutnick publicó una foto con Elon Musk después de presenciar el lanzamiento de Starship en Texas. El post decía: “Bienvenido a DOGE. Vamos a arrancar el desperdicio de nuestro gobierno de $6.5 trillones y equilibrar el presupuesto. Debemos elegir a Donald J. Trump presidente.” Una cuenta con 25,000 seguidores generó 45 millones de visualizaciones. El algoritmo había detectado que algo importante estaba pasando.
Después de la victoria electoral, Lutnick co-lideró el equipo de transición junto a Linda McMahon. Instaló una mesa de conferencias en el Tea Room de Mar-a-Lago con cuatro pantallas de 85 pulgadas en cada lado. El sistema era visual: una pantalla mostraba cinco bullet points máximo sobre cada candidato, otra mostraba clips de televisión recientes, y una tercera presentaba una foto grande del candidato para que Trump pudiera evaluar si “se veían como parte del elenco central.” Era el proceso de casting más importante del mundo, y Lutnick era el director de producción.
Él mismo quería Treasury. Elon Musk lo respaldó públicamente. Pero el puesto fue para Scott Bessent. Algunos en el círculo de Trump dijeron que Lutnick había presionado demasiado agresivamente, que su campaña por el puesto había molestado a gente importante. Le dieron Commerce.
Commerce Secretary: El Puesto que Trump Transformó
Históricamente, el Departamento de Comercio de Estados Unidos ha sido un backwater burocrático. Sus 50,000 empleados manejan el censo, la oficina de patentes, reportes meteorológicos a través de NOAA, y estadísticas económicas. Era el puesto de consolación que se daba a donantes importantes que querían un título en el gabinete sin responsabilidades reales. Wilbur Ross lo ocupó durante el primer mandato de Trump y fue mayormente irrelevante.
Trump decidió transformarlo en algo completamente diferente.
En su anuncio, Trump especificó que Lutnick “liderará nuestra agenda de aranceles y comercio, con responsabilidad directa adicional sobre la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.” Esto era una ruptura con décadas de práctica institucional. El Commerce Secretary típicamente no controlaba política comercial activa. Eso correspondía al US Trade Representative. Trump fusionó las funciones bajo el paraguas de Lutnick, convirtiendo Commerce en el centro de comando de la guerra comercial.
La lógica: si Estados Unidos iba a usar tarifas como herramienta de negociación a escala global, necesitaba un operador de Wall Street que entendiera leverage, timing, y la psicología del deal-making. No un burócrata que procesara papeles. No un académico que escribiera memos. Un trader que supiera cuándo presionar, cuándo retroceder, y cuándo cerrar.
El Senado lo confirmó 51-45 el 18 de febrero de 2025. Todos los republicanos a favor, todos los demócratas en contra. Votación partidista perfecta para un nombramiento que ambos lados entendían como transformacional.
La Tesis del Balance Sheet Nacional
Para entender la filosofía de Lutnick, hay que entender cómo ve el balance sheet de Estados Unidos. No como una abstracción macroeconómica, sino como el estado financiero de una empresa que él tiene que reestructurar.
En 1985, Estados Unidos era un acreedor neto del mundo. El país poseía $148 billion más en activos extranjeros de lo que extranjeros poseían en activos estadounidenses. América era dueña del mundo en términos de capital.
Hoy, Estados Unidos es un deudor neto de $26T. El mundo es dueño de América. Esa inversión de posición —de +$148B a -$26T— representa la transferencia de riqueza más grande en la historia humana, ejecutada gradualmente durante cuatro décadas bajo la premisa de que los déficits comerciales no importaban.
Lutnick lo llama “The Supermarket Fallacy.” Los economistas académicos formados en el consenso post-Bretton Woods argumentan que los déficits comerciales son irrelevantes porque se balancean automáticamente a través de flujos de capital. Si Estados Unidos importa más de lo que exporta, simplemente significa que extranjeros están invirtiendo en activos estadounidenses, lo cual es bueno.
La realidad, según la visión de Lutnick, es más oscura: Estados Unidos está vendiendo su equity nacional para pagar consumo diario. Cada año de déficit comercial significa que extranjeros acumulan más claims sobre activos estadounidenses —acciones, bonos, bienes raíces, empresas enteras. Eventualmente, esto transforma a los ciudadanos en empleados de tenedores de activos extranjeros en lugar de propietarios de su propia economía.
La ecuación: déficit comercial persistente lleva a venta de activos nacionales, que lleva a pérdida de soberanía económica. El objetivo de la administración Trump, articulado por Lutnick, es revertir esta dinámica. No recibir baratijas de China. Importar capital y capacidad para construir fábricas.
Tarifas como Herramienta de Negociación: El Caso Japón
El 2 de abril de 2025, Trump anunció tarifas del 24% sobre Japón. El mercado anticipaba meses de confrontación, retaliación, y deterioro de la relación con uno de los aliados más importantes de Estados Unidos en Asia.
El 9 de abril, después de que los mercados cayeran abruptamente, la administración anunció una pausa de 90 días en los aranceles más agresivos, manteniendo un 10% de base. Treasury Secretary Scott Bessent inmediatamente hizo de Tokio su prioridad de negociación. Lo que siguió fue un masterclass en deal-making.
Japón tenía un problema que décadas de diplomacia no habían resuelto: su mercado automotriz era 94% doméstico. Los fabricantes japoneses —Toyota, Honda, Nissan— vendían millones de vehículos en Estados Unidos mientras el mercado japonés permanecía esencialmente cerrado a importaciones americanas. Las barreras no eran aranceles explícitos sino regulaciones técnicas, preferencias de distribuidores, y una cultura de compra que favorecía sistemáticamente lo local. El desequilibrio era estructural y persistente.
Lutnick propuso una estructura que él mismo diseñó en enero de 2025, antes incluso de asumir el cargo formalmente. La elegancia estaba en reconocer que Japón no podía simplemente abrir su mercado automotriz de la noche a la mañana —las implicaciones políticas domésticas serían devastadoras— pero sí podía compensar el desequilibrio de otra manera.
El deal de $550B funcionaba así: Japón movilizaría fondos de sus instituciones financieras públicas —principalmente Nippon Export and Investment Insurance y Japan Bank for International Cooperation— para invertir como Limited Partner en proyectos de infraestructura estadounidense. Los sectores objetivo serían los que la administración Trump consideraba estratégicos: energía nuclear, semiconductores, minerales críticos, y farmacéuticos. La estructura de retornos comenzaría en 50/50 durante la fase de payback y eventualmente rotaría a 90/10 a favor de Estados Unidos en perpetuidad.
Desde la perspectiva japonesa, esto era superior a simplemente pagar tarifas. Las tarifas desaparecen en el tesoro estadounidense sin generar retorno. La inversión en infraestructura genera cash flows, construye relaciones comerciales de largo plazo, y posiciona a empresas japonesas para participar en el próximo ciclo de construcción americana. Desde la perspectiva estadounidense, el país obtiene infraestructura crítica financiada con capital extranjero sin aumentar su propio déficit fiscal. Ambos lados podían declarar victoria ante sus audiencias domésticas.
El 19 de julio de 2025, en la Expo Mundial de Osaka, Bessent y el ministro Akazawa anunciaron el acuerdo. Las tarifas japonesas se redujeron al 15%. “Esto podría ser el modelo para la Unión Europea,” le dijo Lutnick a Bloomberg Television al día siguiente.
La Carrera por Minerales Críticos y la Ecuación Energética
Un dato que Lutnick repite en cada foro donde habla: el 90% de los minerales críticos que Estados Unidos necesita actualmente se obtienen de lo que la administración clasifica como “adversarios o amenazas estratégicas.” Esto no es solo un problema comercial. Es un problema de seguridad nacional que la retórica de décadas sobre “mercados libres” ha ignorado sistemáticamente.
La cadena de suministro de la economía moderna funciona así: minerales críticos van a procesamiento, que va a manufactura de baterías, que va a vehículos eléctricos y almacenamiento de red eléctrica. China domina el procesamiento intermedio de manera absoluta. Aún cuando los minerales se extraen en Australia, Canadá, o África, típicamente se envían a China para refinación antes de convertirse en componentes utilizables. El control del procesamiento es el control del cuello de botella.
La estrategia de Lutnick asigna roles específicos a los aliados. Canadá y Australia proveen materia prima —litio, tungsteno, tierras raras. Reino Unido y los mercados de capital estadounidenses proveen financiamiento a través del London Metal Exchange y Wall Street. El procesamiento tiene que relocalizarse a territorio amigo, eliminando el choke point que China controla actualmente. El call-to-action urgente es que los permisos para nuevas minas ahora son un imperativo de seguridad nacional, no una consideración ambiental secundaria que puede tomar décadas en resolverse.
Esta visión conecta directamente con la ecuación energética. La dominancia en inteligencia artificial requiere energía masiva —los data centers que entrenan y ejecutan modelos de AI consumen electricidad a escala industrial— y política fiscal alineada que no castigue la expansión de capacidad. Los documentos que circulan entre la administración Trump y el World Economic Forum presentan una fórmula clara: renovables más nuclear, incluyendo Small Modular Reactors, igual a capacidad para alimentar el próximo arco económico.
El conflicto con Europa en este frente es directo y creciente. Los Digital Services Taxes que países europeos han impuesto sobre Big Tech estadounidense generan fricción constante. La advertencia de Lutnick ha sido explícita en múltiples foros: “Si gravan a nuestras empresas de tecnología, no van a construir data centers en su país.” Los data centers son la infraestructura física de la era AI, y Europa, con su combinación de energía cara y políticas de Net Zero agresivas que cierran plantas nucleares, simplemente no puede competir en hosting de infraestructura AI con Estados Unidos, que está desregulando y expandiendo producción de energía en todas las fuentes.
La Dupla Bessent-Lutnick: El Cirujano y Martillo
La dinámica entre Scott Bessent y Howard Lutnick es esencial para entender cómo opera la política económica de Trump 2.0. No son competidores por influencia —aunque la prensa los presenta así constantemente— sino instrumentos complementarios que Trump usa para diferentes funciones.
Bessent es el hedge fund manager académico. Estudioso de historia económica. Habla suave, pondera opciones cuidadosamente, y proyecta la estabilidad que los mercados financieros necesitan para no entrar en pánico. En Davos, cuando Lutnick provocó el walkout de Christine Lagarde con sus críticas a Europa, Bessent estaba en la mesa principal tratando de calmar las aguas y asegurar a los inversores que Estados Unidos seguía siendo un socio confiable.
Lutnick es el trader confrontacional. Dice lo que piensa sin filtros diplomáticos. Cuando un reportero en Davos intentó llevarlo al tema de Groenlandia después de una discusión sobre comercio, Lutnick respondió con una sola palabra: “No.” Y pasó al siguiente tema. No hay ambigüedad, no hay espacio para interpretación, no hay el tipo de lenguaje cuidadoso que permite a los periodistas construir narrativas. Es el estilo de alguien que ha pasado décadas en trading floors donde la claridad es supervivencia.
La división de trabajo tiene sentido. Cuando Japón necesitaba señales de que Estados Unidos era serio sobre las tarifas, Lutnick aparecía en televisión mencionando tasas del 25% o más altas. Cuando necesitaban certeza de que un deal cerraría si llegaban a términos razonables, Bessent aparecía con números específicos y garantías de implementación. “Start with a kerfuffle, end with a reasonable deal” es como la administración describe internamente su estrategia. El martillo crea urgencia; el cirujano cierra la herida.
Tether y Por Qué Lutnick Entiende Cripto
Tether, el emisor de la stablecoin más grande del mundo con un market cap que supera los $180B, necesitaba algo que el dinero no podía comprar directamente: credibilidad institucional. Durante años, críticos cuestionaron si realmente tenían los dólares y treasury bills que supuestamente respaldaban cada USDT emitido. Las “attestations” que publicaban trimestralmente no eran auditorías completas. Los bancos que usaban eran pequeños y poco conocidos. La sombra de sospecha nunca se disipaba completamente.
En 2021, Cantor Fitzgerald comenzó a custodiar una porción significativa de las reservas de Tether. Para 2024, Cantor manejaba más de $90 billion en treasury bills para Tether, generando decenas de millones de dólares en fees anuales. La relación transformó la percepción del mercado. “Soy un gran fan de esta stablecoin llamada Tether,” dijo Lutnick en CNBC en diciembre 2023. “Yo tengo sus treasuries.” La declaración era técnicamente sobre Cantor Fitzgerald, pero la primera persona singular era deliberada. En enero 2024, en Davos, fue más explícito: “Hay una compañía que me gusta llamada Tether. Por lo que hemos visto, y hicimos mucha due diligence, tienen el dinero que dicen tener.”
Cantor también invirtió directamente en Tether, adquiriendo un stake del 5% valorado en $600 millones según el Wall Street Journal. Cuando Lutnick fue nominado como Commerce Secretary, planificó transferir la supervisión de la relación Cantor-Tether a colegas y potencialmente a su hijo Brandon, quien había hecho una pasantía con Tether en Lugano, Suiza. Los críticos gritaron conflicto de intereses. Los defensores argumentaron que finalmente había alguien en el gabinete que entendía cómo funcionaba realmente la infraestructura cripto.
La relevancia para política pública es significativa. Lutnick no es un político que “tolera” cripto porque es popular entre ciertos votantes. Es alguien que construyó negocio real en el espacio, que entiende los mecanismos técnicos de backing, custodio, y liquidez de stablecoins, y que ve el rol de los treasury bills estadounidenses en el ecosistema cripto global. Con el Congreso debatiendo legislación sobre stablecoins, tener un Commerce Secretary con este nivel de conocimiento técnico influye en cómo se estructuran las regulaciones. USDT funciona efectivamente como una forma de dólar digital operado por el sector privado, y la relación Cantor-Tether demuestra que Lutnick comprende cómo el sistema financiero tradicional puede interfacear con infraestructura cripto sin colapsarse.
El Reset de Davos: La Muerte de la Globalización
El 20 de enero de 2026, Howard Lutnick subió al escenario del World Economic Forum en Davos y declaró la muerte del orden económico que el foro había promovido durante décadas. No lo susurró. No lo moderó con disclaimers diplomáticos. Lo declaró en su propio escenario, frente a la audiencia que más se benefició del sistema que estaba denunciando.
“La globalización ha fallado a Occidente y a Estados Unidos de América. Es una política fallida.”
Sentados en el mismo panel estaban Rachel Reeves, Canciller del Exchequer del Reino Unido; François-Philippe Champagne, Ministro de Finanzas de Canadá; Brian Moynihan, CEO de Bank of America; y Adam Tooze, el historiador económico de Columbia cuyo trabajo sobre crisis financieras es lectura obligatoria en escuelas de negocios. Todos escuchaban mientras el Commerce Secretary de Estados Unidos desmontaba las premisas que habían guiado política económica occidental durante cuarenta años.
“Es lo que el WEF ha representado,” continuó Lutnick. “Exportar, offshoring, far-shoring, encontrar la mano de obra más barata en el mundo y el mundo será mejor por ello. El hecho es que ha dejado a América atrás. Ha dejado a los trabajadores americanos atrás.”
Cuando un periodista intentó redirigir la conversación al tema de Groenlandia —el territorio danés que Trump había expresado interés en adquirir— Lutnick cortó con una sola palabra: “No.” Y continuó con su argumento sobre soberanía económica.
Luego vino el ataque a la estrategia climática europea que generaría titulares globales: “¿Por qué van a hacer solar y molinos de viento? ¿Por qué Europa acordaría ser net zero para 2030 cuando no fabrican una batería? No fabrican una batería. Entonces si van a 2030, están decidiendo ser subservientes a China, que fabrica las baterías.”
Las caras de los otros panelistas fueron capturadas en video y circularon ampliamente en redes sociales. Incomodidad visible, el tipo de expresión que aparece cuando alguien dice en voz alta lo que todos piensan pero nadie se atreve a articular en público.
Esa noche, en una cena VIP organizada por Larry Fink de BlackRock con más de cien invitados incluyendo jefes de estado y CEOs de las empresas más grandes del mundo, Lutnick fue el orador final. Según Bloomberg y Reuters, citando fuentes presentes, comenzó a criticar la desindustrialización europea con el mismo tono directo que había usado en el panel. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, se levantó y salió de la sala. Hubo abucheos de parte de algunos asistentes. Los anfitriones terminaron el evento antes del postre, algo sin precedentes en la historia del foro.
El Commerce Department respondió oficialmente que nadie salió apresuradamente durante el discurso de tres minutos de Lutnick y que solo una persona abucheó, identificando a Al Gore. La versión oficial y los reportes de prensa no coincidían, pero el mensaje había sido entregado.
La reacción del mercado al día siguiente fue inmediata: acciones de industriales europeos como Siemens Energy cayeron 3%, mientras acciones de maquinaria estadounidense como Caterpillar subieron 2.1%. El mercado estaba votando sobre quién tenía razón.
“Cuando América brilla, el mundo brilla,” dijo Lutnick en su cierre. “Cierren los ojos e imaginen un mundo sin América. Se vuelve bastante oscuro bastante rápido.”
Los Resultados y El Veredicto Pendiente
A enero 2026, los ingresos por tarifas han aumentado sustancialmente. Los datos del Tesoro muestran $97.3B acumulados hasta julio 2025, un incremento del 110% sobre el mismo período de 2024. El récord mensual de $28 billion se estableció en junio. El Tax Policy Center proyecta aproximadamente $360B para el año fiscal 2026 completo.
El flujo de anuncios de inversión ha sido significativo: TSMC Arizona ahora iguala rendimientos de producción de Taiwan, eliminando el argumento de que semiconductores avanzados no podían fabricarse en suelo estadounidense; $550B en inversión japonesa están comprometidos bajo la estructura que Lutnick diseñó; deals similares están en negociación con Reino Unido, la Unión Europea, y Corea del Sur, cada uno con términos calibrados al nivel de cooperación que cada socio ha demostrado.
El desafío pendiente: Estados Unidos tiene aproximadamente 500,000 posiciones de manufactura sin llenar. El reshoring de capacidad productiva requiere trabajadores que el mercado laboral actual no puede proveer.
Los mercados globales, que inicialmente entraron en pánico con los anuncios de tarifas en abril, han recuperado todo el terreno perdido y más. El S&P 500 está en máximos históricos. Los mercados europeos y asiáticos también han subido. “Todos dijeron que íbamos a destruir el mundo con estas tarifas,” dijo Lutnick en Davos. “Los mercados de acciones del mundo están arriba. ¿Cuáles? Todos.”
Es pronto para declarar victoria. El impacto completo de las tarifas típicamente toma 18-24 meses en materializarse en datos económicos duros. Las compañías están front-loading importaciones para evitar mayores costos, lo que distorsiona las estadísticas de corto plazo. Los efectos inflacionarios pueden aparecer con lag. Las retaliaciones pueden escalar.
Pero hay algo innegable: el establishment que predijo colapso económico inmediato estaba equivocado. Ya sea porque subestimaron la capacidad de adaptación de las cadenas de suministro, porque la psicología del mercado cambió con la certeza de una administración comprometida con su estrategia, o porque el análisis convencional simplemente no aplicaba a las circunstancias actuales.
Howard Lutnick, el hombre que el 11 de septiembre de 2001 perdió a 658 colegas incluyendo a su hermano, que convocó a sus empleados sobrevivientes esa misma noche y les preguntó si querían reconstruir o cerrar, que eligió reconstruir cuando la opción racional era rendirse, ahora está aplicando la misma mentalidad a la arquitectura comercial de la economía más grande del mundo.
El martillo ha encontrado su momento.











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Hace muchos años, el mundo Occidental no estaba acostumbrado a tener un equipo de un estado de primer nivel.