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El Modelo de Negocio del Caos: 500 Años de Historia en Una Milla Cuadrada

Cómo The City of London controla el precio del petróleo, fabrica guerras permanentes, y por qué Trump, Bessent y la estrategia contra Irán son el principio del fin

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Hernán Jaramillo
Mar 15, 2026
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I. Forget Everything You’ve Been Told

Olviden todo lo que les han dicho sobre guerras eternas e intervención liberal. Lo que está ocurriendo con Irán no es imperialismo disfrazado de democracia. No es la misma película de Irak 2003. No es un presidente impulsivo disparando misiles para subir las encuestas. Es un ataque calculado contra el sistema que ha destruido a la clase media americana — y por extensión, a la clase media global — durante cuatro décadas.

Mike Steger, un analista que lleva desde 2001 documentando estos movimientos, lo articuló con una claridad que no he visto en ningún medio convencional: lo que estamos viendo es una operación de flanqueo mayor para terminar la era de la globalización. Una ruptura radical con 40 años de declive administrado. Cinco regiones, una estrategia global, y el fin del gran juego.

La era globalista se construyó sobre una mentira básica: que la democracia liberal y las reglas internacionales resolverían los problemas del mundo. En realidad fue una cobertura para guerra permanente y control corporativo. La capacidad de autogobierno fue vaciada por dentro. El poder fue entregado a corporaciones multinacionales. Tony Blair (el amigo de Santos) lo dijo en 1999 sin ningún pudor: si a los mercados no les gustan tus políticas, te van a castigar. Eso significa aceptar los juicios de las organizaciones internacionales incluso cuando no te gustan.

Un primer ministro electo diciéndole abiertamente a su pueblo que los mercados mandan sobre los gobiernos. Que las organizaciones internacionales — no los votantes — tienen la última palabra. Eso no es democracia. Es una franquicia.

Nunca antes un sistema de naciones-estado soberanas había amenazado con dominar la economía mundial. Pero hoy esa amenaza es real. Los globalistas (WEF/DAVOS/ONU/IMF) están en pánico. Líderes en todos los continentes saben que el orden actual es insostenible. No hay naciones ni pueblos que quieran globalistas en el poder — solo un puñado de regímenes siguen aferrados al viejo modelo. Por eso Rusia y China están hablando con Trump. Saben que las apuestas son astronómicas. Y saben que ninguna otra nación excepto Estados Unidos puede liderar un cambio de esta magnitud.

Y es exactamente lo que Trump está haciendo.

II. El Modelo de Negocio del Caos

Para entender qué se está destruyendo, primero hay que entender qué se construyó. Escribí extensamente sobre esto en mi artículo sobre The City of London — esa corporación medieval de una milla cuadrada que opera con sus propias leyes, su propio alcalde, y una estructura de gobierno del siglo XI. Controla el 40% del comercio mundial de divisas, más del 50% del comercio global de derivados, y gestiona activos que superan varias veces el PIB del Reino Unido. No es británica en el sentido convencional. Es supranacional. Su lealtad es hacia el capital financiero global, no hacia ningún pueblo ni gobierno.

No dejen de leer el art que escribí sobre The City of London The Final Boss

El modelo de negocio es el caos. Y su arquitectura es más sofisticada de lo que cualquier teoría conspirativa le da crédito.

El Golfo Pérsico alimenta un tercio de la economía global. Japón depende al 95% de ese petróleo. China e India al 50%. Vietnam al 85%. Quien controla esa región, controla el chokepoint económico del mundo. Como cubrimos en el Episodio 200 del podcast de 10am, el Estrecho de Ormuz tiene apenas 30 kilómetros de ancho.

Por ahí transita el 20% del petróleo mundial y el 17% del gas natural licuado global. Un solo incidente naval basta para que aseguradoras como Lloyd’s — con sede en, adivinen, The City of London — suspendan coberturas, provocando caídas masivas en los mercados de futuros. Y eso es exactamente lo que acaba de pasar: Lloyd’s declaró “Force majeure” y suspendió las pólizas para tanqueros en el Golfo. El Tesoro estadounidense tuvo que crear un producto de seguro propio de $20B para garantizar el paso de buques. El sistema de seguros marítimos controlado desde Londres dejó de funcionar, y Estados Unidos tuvo que reemplazarlo en tiempo real. Ese dato solo ya les dice todo lo que necesitan saber sobre quién está perdiendo el control.

El contrato de crudo Brent, que determina el precio del 85% del petróleo mundial, no es un contrato de entrega física. Es especulación pura controlada desde The City of London.

La volatilidad semanal del petróleo Brent en los últimos cinco años es del 7.0% — comparado con 1.9% del oro, 3.9% de la plata y 4.3% de Bitcoin. Bitcoin tiene menos volatilidad semanal que el petróleo. Esa volatilidad artificial hace imposible la planificación industrial de largo plazo. No es un error del sistema. Es el sistema.

El mismo modelo de extracción que documenté en el artículo de City of London: durante 130 años de control británico, India sufrió 33 grandes hambrunas. Desde la independencia en 1947: cero. La hambruna irlandesa de la papa no fue un desastre natural — Irlanda producía suficiente comida, pero era forzada a exportarla mientras la población moría. El mecanismo moderno es más sutil pero igual de efectivo: el FMI impone monocultivos de exportación, los mercados de futuros manipulados quiebran a agricultores locales, y cuando quiebran, los financieros compran sus tierras por centavos. Los Países Bajos planean reducir su ganadería en 30%. El Reino Unido restringe la exploración de sus propios recursos energéticos mientras la población enfrenta pobreza energética. El patrón no cambió. Solo se modernizó.

Si todo esto suena conspirativo, solo hay que seguir el dinero. Y el dinero siempre lleva a la misma milla cuadrada.

III. La Fábrica de Enemigos Permanentes

Pero el control financiero necesita un mecanismo político para sostenerse. Y ese mecanismo es la guerra permanente.

Hace 100 años, el Imperio Británico creó a la Hermandad Musulmana en Egipto — alrededor del Canal de Suez, otro cuello de botella de comercio marítimo. La Hermandad no quiere naciones árabes prósperas. Quiere un califato barbárico. Después de la Segunda Guerra Mundial, los británicos usaron a Israel para guerra religiosa permanente contra ese Islam radical. Divide y conquista. En los años setenta, Brzezinski lo bautizó el “arco de crisis” — un cinturón de conflicto permanente desde la India hasta el Mediterráneo. Cultivaron a los mulás en Irán. Financiaron a bin Laden en Afganistán. Dijeron que era la Guerra Fría. En realidad estaban fabricando un enemigo permanente para arrastrar a Estados Unidos hacia otra guerra eterna — como habían hecho con el comunismo y Vietnam. Todo para destruir a Estados Unidos desde adentro.

Cuando los neocons de Bush aprovecharon el 9/11, fueron a guerra total. El resto es historia conocida.

Y ese monstruo volvió a sacar la cabeza el 7 de octubre de 2023 cuando Hamas atacó Israel. Hamas es Hermandad Musulmana. Respaldado por Irán. Financiado incluso por Netanyahu ( o por le menos abrío las puertas para que esto pasara). ¿Por qué en 2023? Porque los Acuerdos de Abraham amenazaban con paz real. Trump había lanzado una nueva política basada en desarrollo, comercio y soberanía nacional. Israel y Arabia Saudita estaban negociando relaciones plenas. Octubre 7 fue una jugada globalista diseñada para destruir esa posibilidad.

Funcionó. Temporalmente. Pero después de un año de vuelta en la Casa Blanca, ya hay un acuerdo de paz para Gaza firmado por 30 naciones y apoyado por más de 50. La región se estabiliza. Las inversiones reales pueden fluir. Y por eso Irán seguía siendo la amenaza pendiente.

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