No Es Lloradera. Es Física
Por qué los emprendedores colombianos más exitosos construyen sus empresas afuera
I. El Ring
La semana pasada grabamos el episodio 203 de 10am. Era supuestamente un episodio de celebración — 200 episodios, más de 4 años grabando religiosamente todos los jueves, y por primera vez íbamos a hacer un 10am en vivo en EAFIT. Yo había invitado a Andrés Arias, Alejandro Pérez, Gabriel Bedoya, Nicolás Fernández, Guillermo Valencia y al Gordo. La idea era sencilla: que cada uno contara qué había aprendido, cómo había evolucionado su pensamiento, qué significaba pertenecer a este ecosistema.
Y arrancó bonito. Arias contó su conversión — del oscurantismo al brain power. Alejo habló de su sabático, sus dos infartos, y cómo ahora está construyendo un producto con Claude Code sin saber una línea de Python. Gabriel describió cómo cambió su dieta de información, dejó de leer pendejadas y volvió a escribir después de años.
Entonces llegó Andrés Bilbao.
Yo le hice una pregunta medio provocadora — le dije que si estaba “tuneado” políticamente. Él, con toda la inteligencia que tiene, nos devolvió la pelota con un uppercut que nadie esperaba: que éramos unos llorones. Que si un emprendedor nos escuchaba diciendo que Colombia era un país antiemprendedor, eso era peor para el país que los propios impuestos. Que él emprendía desde Colombia, que le iba bien, y que nuestra narrativa era destructiva.
Y ahí se prendió el ring.
Lo que siguió fue una hora de debate crudo — sin guion, sin filtro, con la adrenalina de gente que se respeta pero no se traga enteras. Bilbao peleó solo contra siete. Y la verdad es que hay un pedacito donde tiene razón: sí sonamos llorones a veces. Nicolás Fernández lo sintetizó perfecto: “Tenemos un problema de narrativa, no de diagnóstico.”
Pero hay una diferencia fundamental entre llorar y hacer aritmética. Este artículo es la aritmética.
II. Time to Market
Yo monté mi primera empresa en Colombia en 1999. Un papel. Literalmente un papel que metí a la incubadora de empresas de la universidad. En la tercera semana se me apareció Jaime López, el hijo de Augusto López, y me ofreció 300 millones de pesos por la compañía. La compañía no existía — era un papel donde decía que hacíamos tareas por internet. Montamos la oficina en 15 días en el segundo piso de una discoteca, compramos tres computadores, y arrancamos.
Eso fue hace 27 años. Si yo hiciera lo mismo hoy en Colombia, necesitaría ir a la Cámara de Comercio, obtener un NIT en la DIAN, registrar la inversión extranjera ante el Banco de la República, abrir una cuenta bancaria — que sola se demora entre 10 y 15 días hábiles más otros 5 a 10 para el token de banca en línea. El proceso realista para un fundador doméstico toma entre 2 y 6 semanas. Para un inversionista extranjero, 45 días. Los honorarios profesionales arrancan en $800 dólares.
Cuando me fui para San Francisco y después monté operaciones en Estados Unidos, la experiencia fue otra. Una LLC en Delaware cuesta $200, requiere uno o dos trámites, y está lista en 1 a 3 días. Con Stripe Atlas — que, como voy a explicar más adelante, no existe en Colombia — un fundador desde cualquier país puede incorporar, abrir cuenta bancaria y empezar a cobrar en 48 horas. Alejo Pérez lo dijo en el podcast con una claridad brutal: “En Estados Unidos me demoré dos días. La compañía ya estaba facturando.”
El último reporte Doing Business del Banco Mundial le dio a Colombia 7 procedimientos y 10 días para registrar formalmente una empresa, a un costo del 14.1% del ingreso per cápita. Estados Unidos: 4.2 días y 0.7% del ingreso per cápita. Colombia quedó en el puesto 67. Estados Unidos en el 6.
Esa diferencia no es lloradera. Es el costo de oportunidad de cada día que un emprendedor se gasta peleando con burocracia en vez de construyendo producto.
III. La Filigrana
Cuando Alejo contó en el podcast su experiencia con la DIAN, vi a Bilbao sacar el violín más chiquito del universo. Pero Alejo tiene 18 años de experiencia operando una compañía en Colombia. No está especulando — está reportando.
La tasa nominal de impuesto de renta corporativo en Colombia es 35%. Ese número es lo que ven los tecnócratas. Lo que ve un emprendedor es otra cosa completamente distinta. El Banco Mundial y PwC midieron la tasa total de impuestos y contribuciones sobre las utilidades comerciales en Colombia: 71.2%. Puesto 148 de 190 economías. Estados Unidos: 36.6%, puesto 25.
La razón es lo que Alejo llamó “la filigrana” — ese montonón de impuesticos chiquiticos que requieren un equipo completo de contadores para administrar. El ICA, un impuesto municipal sobre ingresos brutos — no sobre utilidades, sobre ingresos brutos — que varía entre 0.2% y 1.4% dependiendo de la ciudad y el sector. Si operás en Bogotá y Medellín, declarás y pagás en cada jurisdicción por separado. En Estados Unidos ese impuesto no existe.
El GMF — el famoso 4 por 1000 — un impuesto de 0.4% sobre cada transacción financiera. Cada transferencia, cada retiro, cada giro. Fue creado en 1998 como “temporal.” Lleva 27 años. Una empresa que mueva mil millones de pesos al mes paga aproximadamente 48 millones al año solo en GMF.
La retención en la fuente, que desde 2025 aplica a facturas tan pequeñas como $125 dólares, y que te congela el efectivo durante 12 meses o más hasta que lo puedas cruzar contra impuestos. El impuesto al patrimonio, con tasas progresivas que llegan hasta el 5% sobre el patrimonio neto — una de las razones por las que 150 millionarios abandonaron Colombia en 2025.
Colombia es uno de solo cuatro países en el mundo que aplica un impuesto integral al patrimonio. A principios de 2026, mediante decreto de emergencia, el gobierno bajó el umbral y aumentó la sobretasa de renta para instituciones financieras al 50%.
Mientras tanto, un emprendedor en Wyoming paga 0% de impuesto estatal corporativo. Cero impuesto sobre transacciones financieras. Cero impuesto al patrimonio. Cero retención anticipada sobre compras. La tasa federal efectiva para una LLC con la deducción QBI puede bajar hasta 15-19%.
Como le dije a Bilbao en el podcast: esto no es ideológico. Es numérico. Es deber fiduciario con el capital.
IV. Los Rieles que No Existen
Siempre he dicho que la primera startup que monté en 1999 era básicamente un ChatGPT arcaico — la gente nos escribía preguntas, nos llegaban en un FIFO, mi compañero las respondía, y yo había inventado los nombres y el landing. Vendíamos publicidad a Orbitel y CONAVI. Fue una de las primeras startups en Colombia que recibió capital de riesgo.
Pero si yo quisiera montar esa misma idea hoy como un negocio digital global, la primera pregunta que me haría es: ¿cómo cobro? En Estados Unidos, la respuesta toma 10 minutos: Stripe. Integración inmediata. 2.9% + $0.30 por transacción. Acceso a Stripe Atlas, Connect, Billing, Radar. Todo un ecosistema construido para que el emprendedor no piense en pagos y piense en producto.
En Colombia, Stripe no existe. No está disponible, no está en preview, no tiene fecha anunciada. Stripe opera en 46 países. En Latinoamérica, solo Brasil y México califican.
Las pasarelas locales — PayU, Mercado Pago, ePayco, Wompi, Bold — publicitan tasas entre 2.65% y 3.49%. Pero cuando sumás las retenciones obligatorias — retención en la fuente, retención de ICA, retención de IVA, más el IVA sobre la comisión misma — el costo efectivo real por transacción sube a entre 7.47% y 8.11%. Un negocio de e-commerce colombiano paga 2.5 a 3 veces más por transacción que su competidor americano, por una infraestructura inferior.
Yo escribí en “Si Yo Fuera un Agente” que la pregunta fundamental es qué le vendés a una inteligencia artificial cuando nadie la está mirando. Pero antes de llegar a esa pregunta, hay una más básica: ¿cómo le cobrás? Si la infraestructura de pagos de tu país no permite ni siquiera procesar una tarjeta de crédito internacional sin triplicar el costo, estás compitiendo con una pierna amarrada.
V. El Costo de Contratar a Una Persona
Alejo contó en el podcast que cuando su compañía en Colombia llegó a 51 empleados, perdió todos los beneficios de la Ley del Primer Empleo. De un día para otro, la estructura de costos cambió por completo. Y ese es el tipo de trampa que el sistema colombiano les tiende a los emprendedores que intentan crecer.
Contratar a una persona en Colombia cuesta aproximadamente 60% más que el salario base, antes de que el empleado vea un solo peso. La cascada es implacable: 12% de pensión a cargo del empleador, 8.5% de salud, 4% de cajas de compensación, 8.33% de prima de servicios, 8.33% de cesantías, 1% de intereses sobre cesantías, 4.17% de provisión de vacaciones, y entre 0.5% y 7% de ARL dependiendo del riesgo. Nada de eso es opcional. Un startup no puede ofrecer stock options en vez de prima. No puede sustituir un 401(k) por cesantías. No puede negociar.
Para un empleado con salario mínimo en 2026 — COP $1,750,905 al mes — el costo total para el empleador llega a COP $2,820,151. Un 61% por encima del salario base. Y cuando Petro decretó un aumento unilateral del salario mínimo del 23.5% contra una inflación del 4.19%, le agregó aproximadamente COP $380,000 por empleado por mes al costo de cada empresa del país. Sin preguntar.
En Estados Unidos, los costos obligatorios del empleador son entre 8% y 10% del salario — Social Security, Medicare, y seguro de desempleo. Seguro médico, plan de retiro y vacaciones pagadas son voluntarios para empresas con menos de 50 empleados. Un startup puede legalmente contratar con overhead mínimo más allá de la compensación base. La flexibilidad de ofrecer equity en vez de beneficios, de escalar gradualmente, de experimentar con estructuras de compensación — eso no existe bajo la ley colombiana.
El resultado es predecible: aproximadamente el 60% de los trabajadores colombianos operan en la informalidad. El sistema regulatorio empuja a los negocios a la ilegalidad en vez de al cumplimiento. Cuando Gabriel dijo en el podcast que en 5 años en Estados Unidos se ganó lo que no se había ganado en toda la vida en Colombia, no estaba exagerando. Es la misma energía, el mismo talento, el mismo brain power — pero con una estructura que multiplica en vez de dividir.
VI. El Capital Se Va Donde Lo Tratan Mejor
Siempre he dicho que yo no creo en la diversificación del portafolio porque simplemente demuestra la falta de conocimiento y convicción que tenés sobre una tesis específica.
Lo mismo aplica para el capital de riesgo: el dinero inteligente se concentra donde la probabilidad de retorno es más alta.
En 2024, las startups estadounidenses atrajeron aproximadamente $215B en venture capital — el 57% del total global, la participación más fuerte en una década. Latinoamérica entera recibió $4.5B. Colombia específicamente capturó $354M en 70 deals. Eso hace que la participación de Colombia en el VC global sea del 0.09%. Menos de una décima de un punto porcentual.
El ciclo de boom y bust fue brutal. La inversión en LatAm llegó a $16B en 2021, impulsada por el entusiasmo pandémico. Después colapsó a $4B en 2023 y se estabilizó en $4.5B en 2024. La región sigue 75% por debajo de su pico. Y el fundraising de fondos VC en LatAm prácticamente desapareció: solo $548M levantados en 52 fondos en 2024.
Hay un problema estructural que va más allá del ciclo. Los venture capitalists americanos típicamente exigen que las startups latinoamericanas adopten el “Cayman Sandwich” — una holding en Caimán que posee una LLC en Delaware que posee la entidad operativa local. La premisa es que en algún momento un VC te va a obligar a reestructurar tu compañía fuera de tu país de origen. Yo lo viví en carne propia cuando levanté capital en Nueva York y en San Francisco — la conversación siempre empezaba con “¿y qué hablan en Colombia?”
Solo 800 de las 700,000 empresas registradas en Colombia tienen acceso a mercados de capitales. Y el 94% de los negocios colombianos se disuelven en menos de 3 años. Si uno quiere ir más allá de la anécdota, la data dice que el sistema no está diseñado para que las empresas escalen.
VII. California y Colombia
Bilbao nos dijo que sonábamos como llorones. Yo le respondí con una analogía que me parece perfecta: California y Texas.
Desde 2018, más de 561 compañías han reubicado sus headquarters de estados con alta carga tributaria hacia estados con menor regulación. Texas capturó 212 de ellas. Más de 102,000 californianos al año se mudan a Texas — el corredor migratorio más grande de Estados Unidos. Tesla se fue de Palo Alto a Austin. Oracle se fue. Hewlett Packard Enterprise se fue. Charles Schwab se fue.
Nadie les dice llorones. Nadie les dice que no creen en California. Les dicen racionales. El impuesto estatal sobre la renta en California es 13.3%. En Texas es 0%.
La diferencia entre Colombia y Estados Unidos es más drástica que la diferencia entre California y Texas. Más drástica en impuestos, en burocracia, en infraestructura de pagos, en acceso a capital, en seguridad jurídica.
Colombia cayó 27 posiciones en el Índice de Libertad Económica de Heritage Foundation en solo dos años — de “moderadamente libre” (puesto 62) a “mayoritariamente no libre” (puesto 89). Los sub-indicadores son devastadores: Derechos de Propiedad 45.0, Integridad Gubernamental 38.1, Salud Fiscal 19.5. Heritage describió la situación como “políticas cada vez más estatistas que han creado incertidumbre y debilitado los cimientos de la libertad económica.”
Y hay un dato que lo resume todo: Colombia ocupa el puesto 177 de 190 en ejecutabilidad de contratos.
Si alguien te debe plata y no te paga, el sistema judicial colombiano es prácticamente inútil para cobrarlo.
VIII. Los Que Se Fueron
Aquí es donde el argumento deja de ser abstracto.
David Vélez nació en Medellín. Fundó Nubank — hoy valorado en más de $75B con más de 100 millones de clientes — no en Colombia sino en São Paulo. La compañía está incorporada como Nu Holdings en las Islas Caimán y cotiza en el NYSE. Vélez, con una fortuna de $10.7B, es la persona más rica de origen colombiano. Nubank solo entró a Colombia en 2021, ocho años después de fundarse.
Felipe Chávez, de Bogotá, cofundó Kiwibot — los robots de delivery autónomos que hoy operan en 26 campus universitarios en Estados Unidos, de California a Delaware. Chávez diseñó y construyó los primeros prototipos en Colombia, pero la compañía vive incorporada en Estados Unidos porque ahí es donde están los clientes, el capital, y la infraestructura para escalar robótica. El talento de ingeniería sigue en Colombia. La estructura corporativa, no.
Daniel Palacio, el fundador de Authy — una de las pocas exits colombianas reales, adquirida por Twilio — es otro colombiano que construyó desde afuera. Palacio estudió en Purdue, trabajó en Microsoft en seguridad, y fundó Authy en San Francisco, no en Bogotá. La compañía pasó por Y Combinator, levantó de Salesforce, Winklevoss Capital y AngelList, y fue adquirida por Twilio en 2015. Alexander Torrenegra, otro serial entrepreneur colombiano — fundador de Torre y Bunny Studio — lo explicó sin anestesia: Colombia no tiene ecosistema de exits porque las grandes empresas colombianas "no suelen comprar otras compañías. No está en su ADN."
Y después está Travis Kalanick. El fundador de Uber, ahora en CloudKitchens, dijo en el Moonshot Summit 2025 algo que yo compartí en el chat de 10am: “Don’t go to India, don’t go to Indonesia, don’t go to Colombia.” CloudKitchens se había expandido agresivamente a Bogotá y Medellín durante la pandemia, y después se retiró abruptamente de toda Latinoamérica sin avisar a los operadores locales. Uber mismo fue el primer servicio en Sudamérica en ser bloqueado por Colombia — 2.3 millones de usuarios y 88,000 conductores afectados de un día para otro.
¿Lloradera? Es que esto es empírico. Los que han montado las compañías más grandes con ADN colombiano las montaron afuera. Los que han intentado operar desde Colombia enfrentan una fricción que los de afuera no entienden hasta que la viven.
IX. La Pregunta Correcta
Yo le dije a Bilbao algo que quiero repetir acá: nadie está diciendo que en Colombia no se pueda hacer. Hay gente con la energía de Bilbao que lo logra, y mi respeto total. Pero cuando uno lleva 25 años construyendo startups — yo monté mi primera empresa a los 22, levanté capital de riesgo tres veces, ayudé a levantar más de $100 millones de dólares en Silicon Valley, viví en San Francisco, construí equipos en Colombia y Estados Unidos — uno no habla desde la especulación. Habla desde el comparable.
Un negocio de $1,000 y un negocio de $10 millones gastan exactamente la misma energía en las neuronas — me lo dijo un developer en Miami hace años, y ese día le hice harakiri al negocio de páginas web y me fui para San Francisco. La pregunta no es si puedo.
La pregunta es dónde rinde más la energía.
Alejo lo puso elegante en el podcast: “Cada niño con su boleta.” Y Alejo lo cerró: “Es un tema de opcionalidad.”
Opcionalidad. Esa es la palabra.
Hoy, desde Medellín, yo puedo incorporar una empresa en Delaware en 48 horas, procesar pagos con Stripe el mismo día, contratar talento colombiano pagándole en dólares, y vender al mercado más grande del mundo sin una sola retención en la fuente, sin GMF, sin ICA, sin UGPP. El talento se queda en Colombia. El valor se genera desde Colombia.
Pero la estructura vive donde los incentivos son racionales.
Y no es solo California-Texas. Ahora mirá lo que está pasando con Florida. Los emprendedores más cracks de Silicon Valley — los que ya se habían ido a Austin — están migrando hacia Miami y el sur de Florida. Ken Griffin mudó Citadel. Jeff Bezos se fue a Miami. Fundadores de cripto, de fintech, de AI — todos gravitando hacia un estado con 0% de income tax, proximidad a Latinoamérica, y una densidad creciente de capital y talento. La lógica es idéntica: misma energía, mismo cerebro, pero con menos fricción el resultado se multiplica.
Esa transición — de California a Texas a Florida — es exactamente la misma que aplica para un emprendedor colombiano. Pero con un diferencial aún más extremo. Porque la fricción en Colombia no es solo tributaria. Es burocrática, es regulatoria, es judicial, es cultural. Es un sistema que te obliga a gastar ancho de banda — el recurso más escaso que tiene un fundador — en cosas que no crean valor.
El “Cognitive Load” en Colombia es BRUTAL!
Cada hora que un emprendedor gasta peleando con la UGPP, llenando retenciones en la fuente, tramitando tokens bancarios o explicándole al contador por qué la DIAN le está cobrando impuestos presuntivos sobre una empresa que está perdiendo plata, es una hora que no está construyendo producto, hablando con clientes, o iterando su modelo de negocio.
Y aquí es donde la cosa deja de ser economía y se convierte en física.
Como escribí en “Los Negocios del Espacio,” nadie va a colonizar Marte enviando todo desde la superficie de la Tierra. El costo gravitacional lo hace imposible — escapar del pozo gravitatorio terrestre requiere una velocidad de escape de 11.2 km/s y cantidades absurdas de combustible solo para poner un kilo en órbita. Por eso la tesis de SpaceX no termina en Starship. Por eso se habla de mass drivers en la Luna, donde la gravedad es un sexto de la terrestre. Desde la Luna, poner un kilo en órbita cuesta una fracción de lo que cuesta desde la Tierra. La misma masa, el mismo objetivo, pero con una física radicalmente diferente.
Los negocios funcionan igual. Colombia y Estados Unidos son dos pozos gravitatorios distintos. La misma empresa, el mismo fundador, el mismo producto — pero la fuerza que necesitás para alcanzar velocidad de escape es radicalmente diferente en cada jurisdicción. En Estados Unidos, la gravedad regulatoria es baja: incorporás rápido, cobrás barato, contratas flexible, y el sistema no te penaliza por crecer. En Colombia, cada empleado nuevo, cada factura, cada transacción bancaria agrega fuerza centrípeta que te jala hacia abajo. No es que no puedas escapar — es que gastás toda tu energía en el despegue y te quedás sin combustible para la órbita.
Bilbao nos retó a hacer cosas en Colombia. Yo le devuelvo el reto con la misma honestidad: estudiá el comparable. Viví la experiencia de montar y operar en ambos lados. Y después me contás si sigue siendo lloradera — o si es simplemente que un emprendedor racional escoge lanzar desde donde la gravedad es menor.
Porque al final, como dice Alejo: el ser humano se va a donde lo tratan mejor. Y como dice la física: la energía no se desperdicia luchando contra la gravedad cuando podés elegir un punto de lanzamiento con menos resistencia.
Eso no es pesimismo. Es first principle thinking.















