Lo único que necesitamos es que el Estado colombiano quite el pie del freno. El sector privado como motor de abundancia: lo que Colombia puede hacer sin esperar al Estado
Un análisis de capacidad, precedente internacional y la oportunidad estructural que abre Venezuela
En 10AMPRO recordamos especialmente nuestro encuentro con Hernán Kazah, cofundador de Mercado Libre y del fondo Kaszek, quien es una autoridad indiscutible en materia de emprendimiento y creación de riqueza en América Latina. Su perspectiva aporta una base crucial para descifrar cómo el sector empresarial impulsa la transformación económica regional.
Durante dicha charla, Kazah sintetizó el principal desafío regulatorio con una frase contundente: “Lo único que le pedimos a los estados en Latinoamerica para poder avanzar, es que quiten el pie del freno”. Este planteamiento resalta los obstáculos cotidianos para consolidar economías de alto impacto en la región, y se respalda en la evidencia empírica que asocia la fortaleza del sector privado con una acelerada generación de bienestar material. En este sentido, es el dinamismo del capital privado el que traza el rumbo, mientras que el aparato estatal interviene posteriormente para formalizar lo ya construido.
Entrevista con Hernán Kazah
Frente al panorama de transformación que asume Colombia en este 2026, los empresarios tenemos el desafío y la oportunidad de edificar una economía de abundancia.
Para lograrlo, resulta indispensable que las instituciones estatales dejen de representar un obstáculo y faciliten el libre desarrollo comercial.
Presentamos hoy una bitácora de puntos determinantes con el fin de potenciar este nuevo abanico de oportunidades que se despliega ante nosotros, confiando en que el Estado colombiano esté a la altura de las exigencias que el mercado y los ciudadanos le demandamos.
El argumento de fondo
Existe una correlación documentada entre el peso del sector privado en la economía y la velocidad a la que un país genera prosperidad masiva. No es ideológica — es empírica.
Dos casos lo demuestran con precisión. Ninguno de ellos es obvio.
Vietnam. En 1990, tenía un PIB per cápita de $98 dólares. En 2024 tiene $4.531. Creció 46 veces en 34 años. Lo hizo sin petróleo significativo, sin ventaja geográfica evidente, saliendo de una guerra devastadora, con un sistema político que no cambió. Lo que cambió fue una sola decisión: en 1986, el gobierno vietnamita lanzó el Doi Moi — apertura al capital privado extranjero, reglas simples para operar, y libertad para que el mercado asignara recursos. Samsung entró. LG entró. Apple trasladó proveedores clave. En 2024, Vietnam exportó $405.000 millones en bienes — más de 20 veces las exportaciones colombianas totales. La electrónica pasó del 14% de las exportaciones en 2010 al 38% en 2020. El PIB creció un 8% en 2025 y Vietnam está ejecutando hoy lo que llama Doi Moi 2.0: un segundo ciclo de reformas orientado a eliminar burocracia, empoderar al sector privado doméstico y atraer inversión en semiconductores, IA y manufactura avanzada, con la meta declarada de crecer al 10% anual entre 2026 y 2030.
El mecanismo no fue la ideología. Fue la apertura. La Ley de Inversión Extranjera de 1988 fue el punto de inflexión: en lugar de pedir permiso al Estado para crear empresas, el capital privado — nacional y extranjero — pudo operar con certeza de largo plazo. La pobreza extrema cayó del 58% en 1992 a menos del 2% hoy.
Polonia. En 1990, PIB per cápita de $1.731 dólares. En 2024, $21.401. Crecimiento de 12 veces en 34 años, sin recursos naturales relevantes, sin costa marítima estratégica, saliendo de cuatro décadas de economía planificada comunista (si, la del socialismo del siglo 21). El mecanismo fue usar la proximidad geográfica con Alemania como palanca: Polonia se convirtió en el destino de nearshoring de manufactura avanzada de Europa Occidental. LG, Volkswagen, Samsung, Amazon, Google y Microsoft tienen hoy sus mayores centros de operaciones europeos en territorio polaco. El sector privado representa el 78% del PIB. Polonia es el quinto mayor exportador de la Unión Europea. No porque el gobierno polaco fuera extraordinariamente visionario — sino porque las reglas permitieron que el capital privado extranjero entrara, operará con certeza, y construyera cadenas de valor que el país no habría podido financiar solo.
El patrón que une estos dos casos es el mismo: el sector privado que se mueve primero define las condiciones. El Estado formaliza después.
Vietnam no esperó tener instituciones perfectas para abrir al capital extranjero. Polonia no esperó a que Alemania le pidiera permiso para convertirse en su proveedor industrial.
Colombia lleva décadas esperando las condiciones perfectas.






