I. El Hombre que Le Enseñó a Downey a Ser Stark
Vuelvan a ver Iron Man, la de 2008, la del taller en Malibú, y anoten cada cosa que en ese momento era pura fantasía: la inteligencia artificial que le contesta a Tony mientras trabaja, el brazo robótico que le pasa las herramientas, el cohete en los pies, el reactor del tamaño de un posavasos que le mantiene vivo el corazón. Casi todo lo que anotaron tiene hoy un ticker, un número de serie o un paciente con nombre propio.
Y eso no es casualidad. Jon Favreau tenía un problema que ningún efecto especial resolvía: cómo hacer creíble a un multimillonario que construye armas en su garaje y además cae bien. Robert Downey Jr. le dijo que había una persona con la que tenían que sentarse antes de rodar una sola escena. Downey fue a la fábrica de cohetes de Elon Musk en Los Ángeles, la recorrió con él y salió convencido de que acababa de conocer a Tony Stark. Favreau lo contó después: Musk fue la referencia para el Stark de carne y hueso. Hasta le pusieron un Tesla Roadster en el taller.
Dos años más tarde la deuda se pagó en pantalla. En Iron Man 2 (2010), Musk aparece haciendo de sí mismo, le comenta a Stark una idea para un jet eléctrico, y Stark le devuelve un elogio a los motores Merlin. Motores reales, de cohetes reales. Y buena parte de la película se filmó adentro de SpaceX, que hizo de set para la fábrica de Justin Hammer, el villano que quería copiar el traje.
Cuando se rodó esa escena, el Falcon 9 todavía no había volado ni una vez. El set del villano era una fábrica de verdad, y esa fábrica terminó construyendo cosas que el guion no se atrevió a escribir.
Este artículo es distinto a todo lo que he publicado aquí, y lo quiero así: divertido. Pero debajo del juego hay una tesis seria. Durante quince años comparamos a Musk con Tony Stark como un chiste de internet. Ya no es un chiste. En casi todos los frentes la copia le ganó al original, y la riqueza que se está creando en esa distancia entre la ficción y la realidad es la historia de inversión de nuestra generación. Cuando abrí mi primera posición importante en Tesla, lo conté en Hardcore Principles, no lo hice por el carro. Lo hice por el método. Hoy quiero mostrarles lo que ese método construyó mientras nosotros veíamos películas.
Vamos pieza por pieza, como si estuviéramos desarmando el traje.
II. JARVIS Ya Es una Suscripción
En la película, lo que hacía a Stark parecer un dios no era el traje, era JARVIS: esa inteligencia con la que conversaba, que le manejaba la casa, le corría simulaciones y le gestionaba el laboratorio. En 2008 eso era el summum de la fantasía. Hoy es una suscripción.
Y de esto mismo vamos a hablar en vivo. El 14 de octubre, en el Auditorio Fundadores de EAFIT en Medellín, hacemos el Día D, con Antonio Linares, Santiago Roel Santos, Andre Joffroy y Joe McCann. Vamos a desarmar lo que este artículo apenas alcanza a bosquejar: qué pasa con un portafolio cuando la ciencia ficción se vuelve una línea de producción, y cómo se piensa una exponencial antes de que el precio la reconozca. El cupón para alphas está al final.
Ahora sí, lo que sigue: la voz de JARVIS manejando un carro sin nadie al volante, las botas cohete convertidas en la constelación más grande de la historia, la fábrica que Tony nunca soñó tan grande, el implante que le devolvió la voz a quien la había perdido, el robot que empezó como un bailarín disfrazado, y el número que hace ver a Tony Stark como un emprendedor de garaje.



