El 🟢 Chat de 10ampro

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Dale las Claves del Broker a Tu Esposa

Por qué los muertos le ganan a los vivos, por qué más de 10 trades al año es una exageración, y la matemática brutal detrás de no hacer nada

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Hernán Jaramillo
Apr 22, 2026
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Cada vez que el mercado cae más de 5% en una semana, pasa lo mismo en el chat de 10am. Aparecen. Salen de las sombras como cucarachas cuando apagas la luz. Son los chihuahuas epilépticos — esa especie de inversionista que confunde actividad con inteligencia, que tradea la volatilidad como si fuera un videojuego de $2 en Steam, y que a la primera corrección seria ya está preguntando si debería vender todo y mover a cash “hasta que las cosas se aclaren.”

Los reconoces inmediato. Son los que postean tres veces al día preguntando si Palantir va a caer más. Los que vendieron Solana a $100 porque “ya había subido mucho” y la recompraron a $180 porque “ahora sí la tendencia se confirmó.” Los que le ponen stop loss a posiciones que construyeron con una tesis de cinco años. Los que — y esto no es ficción, pasó en el chat — vendieron Bitcoin en el dump de marzo y lo recompraron 72 horas después, $4,000 más caro, más comisión, más impuestos, más la dignidad que dejaron tirada en el piso.

En el chat les hemos dicho, medio en broma y medio en serio, que la mejor estrategia de inversión sería darle las claves del broker a la esposa. No porque la esposa sepa más de mercados — sino porque probablemente no haría nada. Y no hacer nada, como voy a demostrar con datos que no admiten discusión, es la estrategia más rentable que existe.

I. Los Mejores Inversionistas del Mundo Están Muertos

Hay una historia que circula en finanzas desde hace años: que Fidelity hizo un estudio interno y descubrió que sus cuentas con mejor rendimiento pertenecían a personas que habían muerto o que se habían olvidado de que tenían una cuenta. La historia la contó James O’Shaughnessy en Bloomberg Radio en septiembre de 2014. Morningstar la investigó y nunca encontró el estudio original. Fidelity dice que no existe.

Pero aquí está lo interesante: aunque el estudio específico sea apócrifo, la evidencia que lo respalda es demoledora.

Terry Odean, profesor de UC Berkeley, analizó 66,465 cuentas de una corredora grande durante los años noventa. Separó a los inversionistas en quintiles por frecuencia de trading. El resultado debería estar enmarcado en la pared de cada persona que abra una cuenta de inversión: el quintil que menos tradeaba — básicamente 2% de turnover anual, o sea un par de trades al año — ganó 18.5% anualizado. El quintil que más tradeaba — 250% de turnover, comprando y vendiendo como chihuahua epiléptico — ganó 11.4%. Una diferencia de 7.1 puntos porcentuales al año.

Pero acá viene el dato que destruye el ego del trader: los retornos brutos de todos los quintiles eran casi idénticos. 18.5% a 18.7%. Los traders activos no estaban escogiendo peores acciones. Estaban escogiendo las mismas acciones. Y destruyendo valor con cada click.

Siete puntos al año suena abstracto. Déjame ponerlo en términos de plata real. $100,000 invertidos a 18.5% durante 20 años se convierten en $2.86 millones. Los mismos $100,000 a 11.4% se convierten en $853,000. Mismo mercado, mismas acciones, mismo período. La diferencia — casi $2 millones — se la comieron las comisiones, el spread, los impuestos, y la dopamina.

II. La Regla de los 10 Trades

Buffett tiene un concepto que llama la “tarjeta de 20 perforaciones.” La idea es simple: imagina que en toda tu vida de inversionista solo puedes hacer 20 inversiones. Con esa restricción, cada decisión la tomarías con un rigor que hoy no aplicas. Pensarías más. Investigarías más. Y sobre todo — venderías menos.

Yo lo llevo un paso más allá: más de 10 trades al año es una exageración.

¿Por qué 10? Porque la matemática no miente. Cada trade que ejecutas tiene un costo visible — la comisión, que hoy en apps como Robinhood parece ser cero pero que se cobra vía payment for order flow — y un costo invisible que es mucho más grande: el tax drag.

En Estados Unidos, las ganancias de corto plazo (posiciones de menos de un año) pagan hasta 40.8% de impuestos. Las ganancias de largo plazo pagan máximo 23.8%. Una diferencia de 17 puntos porcentuales. Schwab hizo el modelo: un portafolio con 5% de turnover anual durante 30 años crece a $470,000. El mismo portafolio con 100% de turnover crece a $330,000. Un 30% menos de riqueza. Solo por impuestos. Sin contar comisiones, sin contar el spread, sin contar el costo de oportunidad de estar fuera del mercado.

Robert Arnott calculó que el fondo activo promedio necesita generar más de 2% de alpha por año solo para empatar con un índice después de impuestos. Y 94.1% de los fondos activos en Estados Unidos no logran ni siquiera ganarle al S&P 500 antes de impuestos en un período de 20 años, según el SPIVA Scorecard de 2024. Después de impuestos, el porcentaje que pierde es aún más alto.

Entonces cuando alguien en el chat dice “vendí PLTR y la recompré $5 más abajo, gané $5 por acción” — no. No ganaste $5. Generaste un evento fiscal que te sacó 40.8% de la ganancia de corto plazo, pagaste spread de entrada y salida, asumiste el riesgo de perderte un rally (que como vamos a ver es donde se hace toda la plata), y reseteaste el reloj del compounding.

III. Los 10 Mejores Días

J.P. Morgan publica cada año un dato que todo inversionista debería tatuarse en el antebrazo. Entre enero de 2005 y diciembre de 2024 — 20 años, más de 5,000 días de trading — $10,000 invertidos en el S&P 500 sin tocarse se convirtieron en $71,750. Un 10.4% anualizado.

Si te perdiste los 10 mejores días de esos 20 años — solo 10 días de 5,040 — tu dinero creció a $32,871. Un 6.1% anualizado. Perdiste 54% de tu riqueza por perderte 10 días.

Si te perdiste los 30 mejores días, tu retorno cayó a 1.53% anual. Menos que la inflación. Veinte años invertido para básicamente perder poder adquisitivo.

Pero aquí viene el golpe: 7 de los 10 mejores días ocurrieron dentro de las dos semanas siguientes a los 10 peores días. Lee eso otra vez. Los mejores días del mercado vienen justo después de los peores.

Exactamente cuando el chihuahua epiléptico ya vendió, exactamente cuando está en cash “esperando claridad,” exactamente cuando le dijo a su esposa que “protegió el capital.”

No protegió nada. Destruyó todo. Porque salir del mercado es fácil. La parte difícil — la que nadie habla — es cuándo volver a entrar. Y la respuesta estadística es brutal: ya es demasiado tarde.

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